CIENCIAS OCULTAS
Alejandra Prieto (1980, Santiago)
2018
En Ouija (Tierras Raras), Prieto crea un tablero espiritista que, bajo su superficie de madera, motores, imanes y algoritmos reemplazan a las manos humanas, convirtiendo el acto de invocar en una operación de código. Cada frase que emerge fue extraída de la red, mediante motores de búsqueda que traducen palabras como “fantasma”, “máquina” o “obsceno” en oraciones recopiladas al azar. Lo que se manifiesta no proviene del más allá, sino del más acá: del inconsciente colectivo digital que hoy responde a nuestras preguntas antes de que las formulemos.
El dispositivo encarna una paradoja contemporánea: una ouija sin espíritu que, sin embargo, no deja de producir espectros. Prieto activa la ilusión de lo animado, desplazando el mito decimonónico del médium hacia el territorio de la inteligencia artificial. Su mesa invoca la pregunta por el alma de la máquina, eco del viejo “fantasma en la máquina” que Gilbert Ryle y Alan Turing situaron entre filosofía, psique y cálculo. Así, Ouija no evoca a los muertos, sino a los sistemas invisibles que ya piensan y escriben por nosotros.

Equipo
Proyecto
Construida con materiales de alta conductividad; cobre, níquel, oro y magnetita, Ouija (Tierras Raras) convierte un tablero espiritista en un cuerpo electromecánico en perpetua escritura. Motores ocultos bajo la madera mueven lentamente la planchette, componiendo oraciones que aparecen sobre una hoja blanca sin mediación humana. El mecanismo, alimentado por algoritmos y motores de búsqueda, opera como un oráculo digital: un flujo de palabras que surgen del ruido informacional, como mensajes dictados por una inteligencia sin cuerpo.
El título remite tanto a los minerales esenciales para la fabricación de tecnologías contemporáneas, las llamadas “tierras raras”, como a su dimensión simbólica: materias extraídas del subsuelo que sostienen, de manera invisible, el mundo de la comunicación. En esta alquimia de lo material y lo virtual, Prieto hace visible la relación entre explotación minera y producción de sentido, entre los recursos del planeta y las redes que los traducen en información. La mesa, silenciosa pero viva, parece respirar con la energía de los minerales que la componen: una máquina poseída por la historia geológica de su propio lenguaje.




Desde los salones decimonónicos del espiritismo hasta los servidores que almacenan nuestros datos, persiste el mismo impulso: hacer visible lo invisible, traducir la ausencia en lenguaje. En Ouija (Tierras Raras), Alejandra Prieto se inserta en esa genealogía de las mediaciones y los fantasmas. Su tablero automatizado prolonga el gesto de los médiums victorianos, pero reemplaza la voz del espíritu por el murmullo de los algoritmos. Lo que antes era trance ahora es motores de búsqueda; lo que antes era ectoplasma, hoy es información en línea.
El dispositivo no reproduce la nostalgia del ocultismo, sino su lógica: la de una comunicación atravesada por fuerzas que no comprendemos del todo. En ese sentido, la obra funciona como un espejo contemporáneo de nuestras propias prácticas de invocación tecnológica. Cada mensaje que aparece sobre el papel es producto de una energía híbrida, a medio camino entre la electricidad y el deseo, entre la escritura automática y la minería de datos. Prieto nos confronta con una pregunta que resuena más allá del espiritismo: ¿qué ocurre cuando las máquinas aprenden a responder antes de que las interpelemos?



En el contexto de Ciencias Ocultas, la pieza revela cómo nuestras tecnologías prolongan viejos rituales de invocación: seguimos buscando en los circuitos una señal, una respuesta, una voz. Pero en lugar de un más allá trascendente, lo que responde es la propia red, ese inconsciente maquínico tejido de deseo, información y memoria. Prieto nos invita a leer esa interferencia no como superstición, sino como evidencia de una sensibilidad compartida entre materia y pensamiento. Su mesa no predice, sino que escucha; no revela el futuro, sino la persistencia del misterio en todo sistema que pretende conocerlo.
En Ouija (Tierras Raras), lo visible y lo invisible se confunden en un mismo circuito. La obra transforma la máquina en médium y el dato en presencia, trazando una arqueología material de la comunicación. Si la ciencia moderna separó razón y misterio, aquí vuelven a encontrarse: la electricidad como alma, el lenguaje como energía que circula entre cuerpos y minerales.


