CUERPO Y AMBIENTE

VALENTINA SERRATI (n. Asunción, 1977)
2022
ATANA es una videoinstalación performativa que cruza artes mediales, animación 3D, coreografía y diseño sonoro para imaginar una mutación: la del último cuerpo humano que sobrevive al colapso. Híbrida, ni femenina ni masculina, ni humana ni máquina, la criatura ATANA baila frente a un espejo de agua, encarnando su propia transformación como un gesto de resistencia.
La obra plantea una ficción posthumana atravesada por teorías de la simbiogénesis, la ecología evolutiva y el ciberfeminismo. A través de proyecciones, superficies autotrónicas y sonido inmersivo, Valentina Serrati y su equipo construyen una criatura que se entrega al cambio como única forma de persistir; ATANA desarma la figura humana para recombinarla con otras formas de vida. ATANA no representa la muerte, la ensaya. No imita la vida, la reconfigura. Frente a un mundo agotado, esta criatura no busca redención, sino la supervivencia.

Dirección Creativa y Visual: Valentina Serrati
Dirección de Movimiento: Camila Rojas Cannobio
Performer: Kamille Gutiérrez
Artista Digital: Paola Olea
Sonido: Miguel Conejeros
Imagen WIP ATANA: Sebastián Arriagada
Imagen Audiovisual NAVE: Diego Pequeño
Asesoría de Contenido: María Fernanda Pérez (Doctora en Ecología y Biología Evolutiva)
Equipo
Proyecto
El título ATANA proviene del griego antiguo: α- (a-“ausencia de”) + θάνατος m (thánatos, “muerte”). No se trata, sin embargo, de una promesa de inmortalidad, sino de una fuga de los límites que la muerte impone. En esta criatura, la ausencia de muerte no es quietud, sino cambio perpetuo. Mutar es su forma de persistir. No hay esencia, solo tránsito; no hay fin, solo umbral. En ese intervalo entre colapso y reinvención, ATANA habita lo que ya no somos —y lo que podríamos empezar a ser.
En 1967, la bióloga evolutiva Lynn Margulis reformuló la historia de la vida en la Tierra. A través del concepto de simbiogénesis, propuso que la evolución no solo es competencia y selección, sino también colaboración: especies distintas que se combinan para formar organismos más complejos. ATANA encarna esa idea. No busca preservar lo humano, sino hibridizarlo. Es un cuerpo que se deja atravesar por otras formas de vida, que acoge lo no-humano en su ADN.





La creación de ATANA se desarrolló como una práctica de investigación (PaR), donde el hacer se convirtió en una forma de pensar. Desde la primera residencia en Un_Espacio hasta sus presentaciones en NAVE y la Bienal de Artes Mediales, la obra fue mutando con cada espacio. La colaboración entre artistas visuales, performers, biólogas y compositores configuró un proceso verdaderamente intra-disciplinario. ATANA no surgió de una sola visión, sino del cruce entre cuerpos, teorías, tecnologías y afectos: un laboratorio vivo donde lo escénico y lo especulativo se contaminan mutuamente.






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